
Un tal Johann Kahl, que no tengo ni idea de quién es, tuvo a bien regalar al mundo en Colonia, en el año estúpido de 1612 y dos años antes de diñarla, un diccionario de términos jurídicos titulado Lexicon Iuridicum Iuris Caesarei. Para mantener la pureza de costumbres que con el anterior post y, naturalmente, con su ejemplo cotidiano nos da Richard Blaine, hemos decidido ahondar más en el espinoso tema del estupro. Sí, amigos, ese abominable delito que en una sociedad que se enfanga en su propio agnosticismo ya a nadie escandaliza, pero que nuestros venerables antepasados se tomaban muy en serio. En la página 2589 podemos encontrar lo siguiente:

"Estupro: es generalmente un tipo de coito prohibido por ley, siendo de dos tipos: uno, bien con mujer casada, al que llamamos adulterio, bien con un pariente o una mujer protegida por la virginidad; otro, con cualquier persona a quien se le hace violencia aunque sea una criada. Algunos piensan que existe cierta diferencia entre estupro y adulterio; Modestio dice que se comete adulterio con la casada, estupro con una viuda, pero la Ley Julia, en su apartado sobre los adulterios, usa la palabra estupro indiferentemente para ambos delitos. Por último, comete estupro con cualquier mujer quien no la toma por esposa ni por concubina [pero mantiene relaciones sexuales con ella.]"
Amigos, no estupreis, no seais guarros ni como Don Latino en Luces de Bohemia. Manteneos célibes o casaos cuanto antes (ya sabéis lo que decía San Pablo: es mejor casarse que abrasarse). Cada vez que estuprais, Dios mata un gatito y además todo el peso de la Justicia puede caer sobre vuestros hombros. Y recordad: la Ley también protege a las criadas, así que nada de decirles si quieres el dinero ven a buscarlo mientras os señaláis la bragueta. Ni nada de si limpias desnuda te doy uno de estos billetitos verdes. He de recordaos que es muy importante formalizar vuestro estado civil justo la mañana después de la noche de pasión. En vez de echar a la chica de casa, preguntadle: ¿oye, te casas conmigo o eres mi concubina? A ver con cuál de las dos opciones os cruzan la cara antes. Si no estáis dispuestos a hacerlo, no vayáis por ahi copulando como lemures cada sábado, ni deseéis a la viuda cañón del quinto. ¡No! El Enemigo es sutil y la carne débil. Sed buenos y temerosos de la ley de Dios.
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